Noruega suele ser un claro referente en materia de democracia, progreso, bienestar social…. Quién haya estado de vacaciones o haya vivido en este paraíso nórdico, sabrá de lo que hablamos. Nos genera sana envidia.

Tienen tan buen rollo que hasta sus presos (haberlos haylos: asesinos, violadores, estafadores, traficantes…) gozan de unas condiciones de libertad extremas, en una muestra de su confianza en las personas.

Una de sus prisiones más peculiares está situada en una isla, en medio del fiordo de Oslo. No tiene ni rejas, ni vallas. Los reos, además de realizar actividades de servicio para la comunidad, en su tiempo libre pueden hacer un sinfín de actividades: pasear a su aire por la isla, ir en bicicleta, montar a caballo, jugar a tenis, tomar el sol o bañarse en la playa en verano y esquiar en invierno. Por todo ello, suelen haber pocas fugas.

Sin embargo, este mes de agosto hubo una fuga bastante peculiar… Uno de los reos encontró en un almacén de la isla una pala y una antigua tabla de surf. Aprovecho la noche para escaparse, después del último recuento. Al día siguiente ambos utensilios fueron hallados al otro lado de la orilla, a unos tres kilómetros de la cárcel.

No sabemos si se mantuvo en pie o acabo tumbado sobre la tabla, pero lo cierto es que llegó a la otra orilla. Las autoridades han decidido que cuando lo encuentren, lo llevarán a una prisión con mayor seguridad.

Está visto que la creatividad humana es inmensa.